Tú que te fuiste

Lo besé y mi corazón se escapó de mí. Fue a buscarte y cada beso suyo me acercó los once mil y un kilómetros a tu cama. No hablamos mientras que mi corazón me gritaba desde el otro lado del mar, queriéndote. En su cama te soñé. En sus brazos te abracé. Cerré los ojos y eras tú acariciándome después de hacer el amor. Por su parte, él se encontraba a seis mil cuatrocientos veinticinco kilómetros de la cama que compartimos. Y lo sabíamos. Nos queríamos con tranquilidad. Era una química que se basaba en parte por nuestros corazones anhelados. No es quitarle el mérito a nuestra relación. Siempre existió esa sutileza. Siempre hubo una atracción que acentuó nuestro conocer. Pero nuestros corazones ya se nos habían escapado.

 


Valentina Reyesdesaforadamentelibre ©