Cortocircuito

Fue un cortocircuito que dejó réplicas que de vez en cuando sorprendían.

Qué cosa que una pequeña llama cause tal consecuencia.

Pero no fue solo la llamita,

Fue el aire aquella noche también.

Esa gran compañera que no conocemos

pero que cuando nos damos cuenta de su ausencia la extrañamos,

la que nos peina y despeina con sus caricias,

la que a veces se enoja y nos desordena los papeles,

y que a veces nos hace enojar y buscamos exhalarla.

Esa gran amiga con la que no podríamos vivir

pero que nunca nos hace caso

y que a veces es nuestra cómplice

y así lo fue esa noche.

Ella avivó la llama

y luego de su travesura se escapó,

dejándonos jadeando, apreciándola,

con la mente en blanco pues se llevó todo cuando se fue.

Se llevó las dudas, los temores, pero dejó la llama intacta,

la que ahora vemos bailar sobre la vela que iluminó nuestra energía

Y estuvimos

Y ahí quedamos

Y siguen las réplicas invitándome a volver a estar.

 


Valentina Reyesdesaforadamentelibre ©

La buena música

En los breves momentos que un artista transeúnte se apodera de las ondas silenciadas por la indiferencia de compartir un espacio público, ella vive una felicidad que no es de esta vida. Abre su alma y cierra su vida, se empapa de los sonidos que sin querer interrumpen su corazón y la inundan de sentimientos ajenos. Cuando toca el violinista, se queda tan atenta como el bebé que colgado de su mamá por primera vez escucha tal chillido melancólico. Del guitarrista intenso y sentimental vive una historia de amor transcendental en cada nota. En los breves momentos que el artista transeúnte interrumpe sus pensamientos rutinarios y le regala nuevos sonidos, lo vive todo. Es captivada. Y solo ella conoce esa magia. Existe gente mágica. También existen aquellos que atraen magia. Ella la daba, la atraía, la sentía, la vivía, la conocía, y esa magia una vez le dijo que las mejores personas son las que comparten buena música.

 


Valentina Reyesdesaforadamentelibre ©