Tócame

No necesitas tocar mi cuerpo para tocar mi alma

Pero si me tocas la guitarra, mis sentimientos se desalman

En cada vibración de cada cuerda

Mis sentidos se desatan

Estalla el estribillo, toda sensatez se descarga

Compones con naturalidad un calor con bufanda

Y recompones los átomos de mis vidas pasadas

Me despliegas de la gravedad que me mantenía anclada

Me quitas todo camino, todo obstáculo, toda cordura

Bailan tus manos tocándome y mi figura

Se convierte en la guitarra que tus dedos transfiguran

No dejes de cantarme

Y sobre todo, no dejes de tocarme.

 


Valentina Reyesdesaforadamentelibre ©

La buena música

En los breves momentos que un artista transeúnte se apodera de las ondas silenciadas por la indiferencia de compartir un espacio público, ella vive una felicidad que no es de esta vida. Abre su alma y cierra su vida, se empapa de los sonidos que sin querer interrumpen su corazón y la inundan de sentimientos ajenos. Cuando toca el violinista, se queda tan atenta como el bebé que colgado de su mamá por primera vez escucha tal chillido melancólico. Del guitarrista intenso y sentimental vive una historia de amor transcendental en cada nota. En los breves momentos que el artista transeúnte interrumpe sus pensamientos rutinarios y le regala nuevos sonidos, lo vive todo. Es captivada. Y solo ella conoce esa magia. Existe gente mágica. También existen aquellos que atraen magia. Ella la daba, la atraía, la sentía, la vivía, la conocía, y esa magia una vez le dijo que las mejores personas son las que comparten buena música.

 


Valentina Reyesdesaforadamentelibre ©